Yes, we can

Yes We Can

Pasó el 211212 y el mundo no se ha acabado…. Pero individualmente, nuestra vida disminuye con el paso del tiempo y nuestro mundo acabará definitivamente en un día no muy lejano. Por fortuna, lo más importante es que, dure lo que dure nuestra vida, aún tenemos la inteligencia, la capacidad y las condiciones para vivir con riqueza y plenitud, lo que permite hacer de nuestra vida algo valioso para nosotros mismos y los demás.

Conviene no olvidarlo y tenerlo siempre presente, porque fácilmente la vida se nos va de las manos, dedicada a resolver necesidades y problemas, muchas veces artificiales o aparentes, que nos tienen constantemente ocupados y hasta preocupados. Si olvidamos esa gran oportunidad que nos brinda cada instante, y nos atrapamos en nuestro pequeño mundo asfixiante, la vida se convierte en una especie de carrera de obstáculos, en una lucha constante que acaba dejándonos con una sensación de cansancio, de insatisfacción o frustración, para finalmente darnos cuenta de que volvemos a estar en la casilla inicial del juego, del juego circular llamado samsara, eso si, cada vez con la ‘mochila’ más llena.

Afortunadamente, depende de nosotros, pues en cada instante tenemos la opción de no entrar en ese juego, o de pararlo cuando caemos en él; la oportunidad de vivir el momento con presencia, calma y amplitud de miras, para actuar con inteligencia y satisfacer nuestra natural y genuina aspiración de bienestar y armonia, haciendo además una contribución a la de los demás.

Puedes pensar ‘bonito, pero difícil’. En las enseñanzas budistas se dice con frecuencia: ‘no hay nada fácil o difícil, depende de la familiaridad’. Si hasta ahora hemos cultivado actitudes y respuestas pasionales perturbadoras, es normal que ese sea nuestro hábito. Pero podemos cambiarlo –yes, we can–, nuestra humanidad conlleva ese privilegio, podemos aprender a cultivar –bhavana– y habituarnos –gom–, desde ahora mismo y en todo momento, a esa nueva presencia y respuesta armonizada. Se trata de confiar en nuestro potencial y de hacer lo que buenamente podamos, poco a poco, pero con entusiasmo y perseverancia.

La casilla de partida de ese nuevo juego, llamado ‘liberación’, es vivir lo más posible en el presente, con apertura y motivación. Que esto sea lo que inspire, no sólo este año, sino todos los momentos de nuestras vidas, para hacernos expertos en el juego de la liberación y poder enseñarlo a nuestros compañeros de juegos.

más opiniones