Concentrados

Hace unos días, el identificador que registra la edición de libros en España, ISBN (International Standard Book Number), difundió una curiosa observación surgida de sus análisis internos, que concluía que los libros publicados en el 2019 son más delgados que los que se editaban en el 2011. Cifraba el adelgazamiento en una media de 20 páginas menos por ejemplar que hace ocho años, hecho que los analistas atribuían a la voluntad explícita de los editores de tender a publicaciones que resulten fáciles de consumir, que no exijan invertir en ellos mucha competencia intelectual, dada la menguante capacidad de atención y concentración que, habrían constatado, muestra la población aficionada a la lectura.

Casi de forma simultánea a la difusión del dato del ISBN, se dio a conocer otro no menos inquietante que resulta complementario del primero: el uso continuado de whatsapp y el resto de plataformas en red reduce la capacidad de atención y concentración de los usuarios y habitúa al cerebro a consumir mensajes de impacto, cortos, cambiantes, de fácil comprensión y que apenas exigen invertir en reflexión.

Ambas noticias me parecieron preocupantes. Tanto por la pequeñez intelectual a que parece encaminarse un importante sector de la sociedad, como por el choque frontal que supone esa tendencia con cualquier método de transformación y desarrollo personal y espiritual. Sin atención y concentración no es posible detenerse a meditar sobre los planos que forman la realidad, sobre quien y cómo somos, que significado tiene la vida, la muerte, el sufrimiento o nuestra función en el universo.

Pero además, y aparte de la pérdida de tiempo dedicado a temas muchas veces banales, convendría no perder de vista la facilidad con que se puede manipular el criterio y el punto de vista de unos ciudadanos adiestrados en la deglución de bocados de información procesada. Individuos incapacitados para juzgar el trasfondo y la motivación con que se les facilitan las toneladas de impactos visuales que consumen absortos y, ahí si, concentrados en un ejercicio que apenas permite disponer de un paréntesis para el pensamiento propio. De uno mismo.
À.G.

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Dharmadhatu WebmasterConcentrados
leer más

Ahora

La vida es sólo presente, la experiencia es ahora. No hay vida en el pasado, tampoco en el futuro. El pasado no es más real que un acopio de recuerdos y memorias, siempre coloreados subjetivamente y por cómo nos afectaron. El futuro no tiene mayor realidad. Elaborado con proyecciones y fantasías, impulsadas por expectativas y temores, es una huida hacia delante desde un presente vivido con insatisfacción.

Ambos, pasado y futuro, son una creación mental artificiosa, una ilusión que promete vivencias felices, pero que en realidad solo nos mantiene ansiosos y expectantes. Cuando nos damos cuenta, puede parecer obvio, pero ahí estamos prácticamente toda nuestra vida, huidos del momento presente, posponiendo la vida y su plenitud.

Y es fácil trasladar esa actitud a la práctica del dharma. Depositar nuestras expectativas en futuras realizaciones ‘espirituales’ —calma mental, libertad, o el mismo Despertar—, lo que implica asumir que ahora estamos atrapados sin remedio… Pero eso sí, con un futuro prometedor, gracias a un camino de liberación que iniciaremos ¡de verdad! pronto, cuando se den las ‘condiciones’ que, por cierto, nunca llegan, dado que son una idealización de futuro… De ese modo podemos acabar tan insatisfechos como antes y más frustrados. Y lo peor, habremos quemado el último cartucho, porque ¿que queda probar más allá del dharma? Ese camino futuro, no existe más allá de nuestra imaginación, pues solo podemos caminar en tiempo presente, avanzando momento a momento.

Decía el poeta:
Todo pasa y todo queda, / pero lo nuestro es pasar, / pasar haciendo caminos, /
caminos sobre el mar.
Nunca perseguí la gloria, / ni dejar en la memoria / de los hombres mi canción; /
yo amo los mundos sutiles, / ingrávidos y gentiles, / como pompas de jabón. …
Caminante, son tus huellas / el camino y nada más; / caminante, no hay camino, /
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino / y al volver la vista atrás / se ve la senda que nunca /
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino / sino estelas en la mar…

Cuando el jilguero no puede cantar. / Cuando el poeta es un peregrino, / cuando de
nada nos sirve rezar. / “Caminante no hay camino, / se hace camino al andar…”
Golpe a golpe, verso a verso.
Antonio Machado. Fragmentos de Proverbios y Cantares (XXIX)

La única opción viable de liberación solo es posible en el ahora, dado que es lo único que tenemos. Además, en cada instante todo se renueva, incluidos nosotros mismos, lo que nos brinda la gran oportunidad de renacer renovados. Para ello solo tenemos que conectar y vivir nuestro propio potencial de calma, de apertura, de libertad y armonía; algo de lo que ya disponemos, pues es nuestra verdadera naturaleza. Es así, momento a momento, como vamos aprendiendo a vivir con plenitud cada instante, nutriendo y despertando ese potencial.

Es así como hacemos camino, al andar…
El camino empieza y vuelve a empezar ahora, siempre…
bll

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Dharmadhatu WebmasterAhora
leer más

El final

Los relatos con trasfondo bondadoso, si no se argumentan irrefutablemente, corren el riesgo de ser catalogados sin piedad, por un apreciable sector de la sociedad, como cuentos new age. O buenistas. Ocurre especialmente entre los más jóvenes. La descripción del bien, al igual que sucede con las buenas noticias que llegan a la redacción de los periódicos, no se publica, excepto si se trata de un avance médico o
científico muy destacable, asumiendo en ese caso que tal difusión será utilizada por quien distribuye la novedad a los medios, algo que con frecuencia conduce a una compañía farmacéutica.

Aunque existe consenso científico y social, con poderosas excepciones, en aceptar que el cambio climático producido por las emisiones de CO2 ha modificado los ciclos en que se suceden los fenómenos meteorológicos, está alterando la fertilidad de la tierra, ha suprimido miles de especies y ha mermado el caudal de los ríos, no se está produciendo una movilización masiva y mundial equivalente al tamaño de esta desgracia. No se percibe una toma de conciencia universal que, aunque tarde, pudiese detener la tendencia hacia la destrucción del Planeta, y la de nosotros con ella. Existen organizaciones que se ocupan del tema, y el clima figura en la agenda de numerosos gobiernos, pero no se producen manifestaciones ciudadanas, globalizadas e inapelables, que estén empujando hacia la protección de la naturaleza que nos sostiene. Con silencio o ignorancia, toleramos el decidido avance hacia el precipicio.

En cambio, en apenas una semana, espontáneamente, casi un millón de personas se han movilizado para conseguir un final distinto, nuevo, para la serie Juego de Tronos, cuyo último capítulo se emitió hace quince días. Ya se han recogido cerca de un millón de firmas de quienes, con ansiedad, exigen que el último episodio de sus ocho aclamadas temporadas concluya de una forma más acorde a las expectativas creadas o que, directamente, el fin sea un abanico de opciones abiertas a la decisión de quien pulse las teclas del aparato en que lo esté viendo. Con rotundidad y sin ninguna presión de por medio, en apenas unos días, esas personas se han unido para exigir que una historia ficticia nutrida con destilados de la literatura clásica, efímera y ajena a sus vidas, acabe a su gusto, y, para conseguirlo, quién sabe lo que serían capaces de hacer. Algo huele a vacío en Dinamarca, y más allá también.
À.G.

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Blog DharmadhatuEl final
leer más

En retiro

A medida que uno va haciendo retiros recordamos los errores que no queremos repetir. El no saber cómo plantear un intensivo conlleva el no haberle dado una oportunidad para desplegar su potencial. Veamos algunos aspectos donde, personalmente, he metido y sigo metiendo la pata desde una perspectiva no ortodoxa:

—Tener claro que un retiro no es para arreglarnos lo que no nos gusta de nuestra vida. Es decir, no es para ser simpáticos, relajarnos, perder unos quilos y ser más popular. La motivación de un retiro debe desvincularse de cualquier aspiración mundana lo más posible. 

—Una vez se inicia un retiro, comprometerse a finalizarlo a menos que haya una causa de fuerza mayor. Parece una tontería, pero a medida que uno se adentra en el mismo, la mente puede verse invadida por desánimos, ofuscaciones y vagancia extrema. La determinación los debilitará.

—Cortar con las distracciones externas incluyendo redes sociales, llamadas, etcétera. Esto puede representar un auténtico desafío para los jóvenes y los no tan jóvenes. Al menos, conviene llegar a un acuerdo razonable con uno mismo, limitar a lo menos posible los contactos. Haber establecido las fronteras de nuestro retiro nos ayudará enormemente.

—Tal vez lo más difícil: practicar con una mente flexible, sin tensión pero manteniendo lo mejor posible la rutina. Seguir la rutina es la clave, aunque no siempre apetezca. Si respetamos las sesiones, respetamos nuestro compromiso y así nuestra confianza crecerá. ¿Qué es practicar sin tensión? Tener una mente relajada que ha soltado los aferramientos y que está afianzada en una motivación positiva, a poder ser Mahayana. Si por sistema cuidamos de que así sea, en cada una de nuestras sesiones, se evitará ese exceso de tensión que habitualmente desemboca en obstáculos con la práctica.

—Estrechamente vinculado con esto es el no realizar sesiones demasiado largas en las que se ha agotado toda la energía. Es aconsejable no vaciar el depósito sino dejar un poco, de manera que al finalizar la sesión sintamos: “aun podría haber practicado unos minutos más”.

—Disfrutar cada día y sentir agradecimiento. Una mente agradecida está menos hundida en sus obsesiones, es un gran antídoto. Por eso, si no lo sentimos, deberíamos generar el agradecimiento, recordando la oportunidad que supone tener tiempo, energía y demás causas para centrarnos en nuestro desarrollo espiritual.

—Y, en general, preguntarnos: “¿Qué puedo hacer para mejorar mi práctica?” en vez de “¿Qué está haciendo la práctica por mí?”

Aunque no se ha mencionado todo, estas son algunas cosas a tener en cuenta para que un retiro, o un intensivo de meditación, nos sea transformador. Seguiremos.
Nicolás Viñés

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Blog DharmadhatuEn retiro
leer más

La realidad y el deseo

Siendo joven me parecía sumamente interesante el choque simbólico entre la realidad y el deseo. De ese conflicto surgía, según mi punto de vista, la más auténtica energía creativa. Una energía basada en lo trágico, cierto, pero que evidenciaba su naturaleza viva a través precisamente del dolor.

A lo largo de los años he impartido muchas clases de literatura basando mi lectura en esa dicotomía: la potencia del deseo como empuje vital, como motor, frente a las imposiciones restrictivas de la realidad. Y no me refiero aquí exclusivamente al deseo sexual sino al deseo en general, como voluntad de consecución, de adquisición o de conquista.

Con el tiempo, sin embargo, fui aprendiendo que el deseo, si bien puede resultar muy útil a nivel creativo, pues en definitiva muestra la fragilidad humana, es una enorme fuente de frustración a nivel íntimo. Porque el deseo no es, como a veces se define de manera burda, la búsqueda incesante de la satisfacción. En última instancia, para el deseo la satisfacción no importa: no es más que una excusa. El deseo busca única y exclusivamente perdurar, seguir en movimiento. Por eso para el deseo la realidad es el enemigo necesario; es decir: el combustible.

Esta semana, debido a lo que podría ser entendido como un acontecimiento banal, he tenido que enfrentarme a esta cuestión en casa. Tengo dos hijos adolescentes, dos seres que, a esas alturas de su vida son prácticamente en exclusividad seres deseantes en todos los sentidos; ambos, por lo demás, amantes del deporte. Les he visto sufrir sobremanera por la derrota del equipo de fútbol del que son seguidores. Lo pasaron francamente mal al comprobar que la terca realidad no se ajustaba a su elevado deseo. Daban la impresión de encontrarse atrapados en una insoportable cinta de Moebius y sufrían de verdad, por nimio que pueda parecernos el motivo.

En momentos así, ¿cómo le enseñas a un adolescente a relacionarse de manera adecuada con la frustrante naturaleza del deseo? ¿Cómo le demuestras que la única posibilidad satisfactoria es la aceptación de la realidad? ¿Cómo le haces entender que es el pensamiento dual, precisamente, el que le provoca ese extraño dolor con el que todavía no sabe lidiar?

No sé por qué nos asusta hablarles a los niños y a los jóvenes de conceptos que para nosotros, caminantes del sendero del dharma, nos resultan fundamentales. Tal vez creemos que eso va a hacerles especiales en un sentido negativo, que los va a apartar del flujo adecuado de su desarrollo social, que va a marginarlos al provocarles un exceso de consciencia. Tienen que ser normales, solemos decirnos; como si nosotros mismos no lo fuésemos.

Esta semana, sin embargo, me dio por pensar que tal vez haya llegado el momento de perder ese miedo y de hablarles, sin pompa, con la sencillez con la que nos hablamos a nosotros mismos, del inicio de ese camino por el que ellos, sin saberlo, también han empezado a dar sus primeros pasos. Tal vez sea el momento de señalarles con la mano, ahora que todavía (a ratos) nos atienden, la dirección hacia la que apuntan las cuatro nobles verdades.
J.T.

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Dharmadhatu WebmasterLa realidad y el deseo
leer más

Ahora depende de ti

El transcurso del día y la noche, las cuatro estaciones o el juego de los elementos en la naturaleza siguen un orden natural, no responden a los designios o deseos de nadie. Su existencia resulta de la interacción de infinitas causas y condiciones, siempre en armonía con una ley natural de interdependencia.

Esto me recuerda los versos de Miguel Hernández:

Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

No los levantó la nada,
ni el dinero, ni el señor,
sino la tierra callada,
el trabajo y el sudor.

Unidos al agua pura
y a los planetas unidos,
los tres dieron la hermosura
de los troncos retorcidos.

De hecho, todo fenómeno o evento se rige por esa misma ley de causalidad. También nuestras vivencias, resultado de la confluencia de causas externas e internas. Ese orden natural, que configura todas las experiencias —como toda la realidad cognoscible—, perfectamente ecuánime, no tiene ideología ni preferencias, no actúa a nuestro favor, pero tampoco en nuestra contra. Así, toda circunstancia o experiencia de la vida, por dura u hostil que nos parezca, no es, en sí misma, amenazante o negativa, deseable o indeseable.

Sin embargo, la visión dualista y egocéntrica hace que nos apartemos de ese orden natural equilibrado y nos sintamos atacados o perjudicados por determinadas circunstancias o situaciones, como si el universo se confabulara contra nosotros. No hay tal confabulación. La vida, el mundo no están en contra nuestra, ni siquiera ‘piensan’ en nosotros —como nos hace sentir la visión egocéntrica—; esa sensación no es más que la proyección de nuestros propios temores y expectativas. Esas obsesiones e incertidumbres del ego nos atrapan en un mundo insatisfactorio y amenazante y nos impelen a manipular la realidad para adaptarla a nuestra visión de las cosas. Un esfuerzo agotador que, por iluso, está condenado al fracaso.

En realidad y en todo momento de experiencia, aunque no intervenga en ella nuestra ‘voluntad’, coexisten aspectos positivos y negativos, lo que nos presenta una situación abierta y llena de posibilidades. No estamos totalmente determinados a vivirla o ‘sufrirla’ pasivamente. Tenemos la opción de enfocarnos en esa visión abierta, libre de perjuicios o temores, y vivir la experiencia con una actitud creativa que se centra en las oportunidades y la encara positivamente. Así, cada momento de nuestra vida es una oportunidad para fluir con el ritmo natural y armonizarse en él. Ahora depende de ti.
bll

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Blog DharmadhatuAhora depende de ti
leer más

Atentados

Nueve personas, ocho hombres y una mujer, menores de 30 años, planificaron durante los últimos ocho años el atentado que el 21 de abril acabó con la vida de 360 personas en Sri Lanka, un país donde el 70% de la población es budista, el 15% es islamista y menos del 10% acude a iglesias cristianas. Esas nueve personas tenían un nivel educativo alto. Uno de ellos estudió en el Reino Unido y otro cursó un posgrado en Australia. Habían viajado, pertenecían a la clase media o alta srilankesa y, desde el 2009, cuando se dio por finalizado el conflicto con la guerrilla vinculada a la minoría tamil, disfrutaban de una aparentemente plácida convivencia entre los diferentes credos religiosos. Esa fraternidad se acabó el domingo de abril en que siete paquetes cargados con abundante material explosivo mataron de forma indiscriminada a personas que se alojaban en hoteles de lujo o que habían acudido a iglesias cristianas, los objetivos de los atentados.

Uno de los terroristas, suicidas, hijo de un empresario del sector de las especias de Colombo, fue grabado al entrar en una iglesia cargado con la mochila donde ocultaba la gran carga explosiva que minutos después hizo estallar. Mientras avanzaba hacia el banco donde se sentó, se cruzó con una niña y le acarició la cabeza. Acto seguido le causó la muerte, al igual que acabó con su propia vida y con la del centenar de personas que se encontraban en el templo.

Qué motivó a unos individuos con ese perfil a provocar una tragedia de este tamaño forma parte del misterio que mueve los resortes del fanatismo extremo. Resultaría igualmente incomprensible que unos pobres miserables hubieran optado por dar muerte a medio millar de personas como método para advertir al mundo de su sufrimiento. Los atentados de Sri Lanka, no obstante, no pueden atribuirse al desvarío de quien está hundido en unas condiciones de vida insoportables, sino que son una muestra desnuda de la deshumanización excluyente, de la clasificación organizada de unos seres humanos que se distinguen a sí mismos del resto por su creencia religiosa, su lugar de nacimiento o, a veces, su afición deportiva. Una clasificación planificada y promovida con el objetivo de obtener poder, finalmente reivindicada como acción pseudopolítica, en el caso de Sri Lanka, por un grupo yihadista. Una idea que suma adeptos en quienes creen que de esa forma participarán de un poderoso pastel, o entre personas que buscan una identidad. ¿Por qué acarició la cabeza de aquella niña quien iba a ser su inminente asesino? Una grieta en el absurdo.
À.G.

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Blog DharmadhatuAtentados
leer más

¿Participamos en política?

¿Debemos participar en política o mejor dedicarnos sólo a recorrer el camino? Evidentemente, en el camino medio reside la respuesta. En tiempos no tan pasados, los que participaban en política eran una escasa minoría. Recientemente, con la apertura del sistema bajo la forma que conocemos como democracia representativa, todo ciudadano puede aportar su granito de influencia. Como practicantes mahayana, la responsabilidad universal debiera ser nuestro combustible (sostenible).

Blog Dharmadhatu¿Participamos en política?
leer más

Dharma is in the air

En mis clases de literatura y de lengua he tenido que explicar en muchas ocasiones conceptos difíciles y enrevesados. En tanto que profesor, mi voluntad ha sido siempre ser eficaz, lograr que mis alumnos llegasen a entender de la manera más sencilla posible lo que pretendía transmitirles, por eso me he esforzado durante todos estos años en encontrar ejemplos que pudiesen acercar el ámbito de lo que tratábamos en clase a las referencias propias de su mundo más personal.

Me gusta pensar que a través del reconocimiento y del disfrute mis alumnos han sido capaces de romper la barrera de la obligación o del prejuicio y que, con un poquito de suerte, ese proceso ha conllevado un premio: el aprendizaje; aunque se trate de un aprendizaje muy puntual.

A mí, como mínimo, ese afán de búsqueda de interrelaciones significativas me ha ayudado siempre, tanto en lo profesional como en lo personal. Es decir, lo que he intentado que hiciesen mis alumnos para acercarse un poquito más al conocimiento lo he practicado también, y sigo practicándolo, en la más estricta intimidad.

Así me ocurre, por ejemplo, con el dharma.

La literatura, el cine, los cómics e incluso mis más o menos relevantes conocimientos deportivos me ayudan enormemente a fijar todo aquello de lo que habla el dharma. Porque no siempre resulta sencillo llegar a entender por completo conceptos como el apego y la aversión, el carácter ilusorio de todas las cosas, la transitoriedad, la bodhichita o la vacuidad. Sin embargo, si uno se encuentra en la disposición adecuada, es decir si uno tiene la verdadera voluntad de poner en práctica aquello que transmite el dharma, resulta mucho más fácil ver reflejados muchos de esos conceptos en los relatos que nos rodean.

Es muy satisfactorio cuando, lejos de la guía directa del maestro, somos capaces de detectar conceptos como los que indicaba arriba en discursos teóricamente alejados de la voluntad que preside el dharma. Resulta muy satisfactorio cuando vemos ciertas películas o series de televisión o leemos ciertos libros, o incluso cuando escuchamos ciertas piezas de música, y somos capaces de notar una punzada de reconocimiento relacionado con el dharma. Porque ese proceso indica que tal vez hayamos fijado de manera profunda esa enseñanza.

Es una satisfacción ilusoria en última instancia, como lo son todas, pero valiosa en esta ardua realidad convencional en la que nos desarrollamos.
JT

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

Blog DharmadhatuDharma is in the air
leer más

Eutanasia

La eutanasia vuelve a ser actualidad a raíz del suicidio asistido de una mujer con esclerosis múltiple, poco después de paralizarse en el Congreso la tramitación de una ley de eutanasia.

Hace algunos años conocí en un programa de radio a Ramón Sampedro, famoso por ser el primer español en pedir la eutanasia, que finalmente consiguió poner fina su vida. A pesar de su tetraplejia –sólo podía mover boca y rostro–, manifestaba tener una gran fuerza. Recuerdo su destreza al usar útiles con la boca para escribir y otros cometidos. Me pareció una persona sensible –dibujaba, escribía poemas–, inteligente y sobre todo con gran determinación. Consiguió dar publicidad a su demanda en los medios, inspirar una película y estimular el debate sobre la eutanasia. Dialogando con él sobre el tema, intenté transmitirle que, a pesar de su dura postración –creo que no tenía dolores–, estaba muy vivo, que tenía lucidez y sensibilidad y que aún así su vida podía ser rica y con sentido. Aunque parecía entender esos argumentos, volvía siempre a su idea de suicidio. Tuve la sensación entonces y especialmente al conocer el desenlace, que se había identificado tanto en ese papel que no tuvo otra opción que acabar representándolo.

En la eutanasia, también llamada derecho a una muerte digna, hay básicamente dos posturas contrarias. La que niega de plano esa opción, sin atender a situaciones concretas o al sufrimiento de la persona, por considerarla un suicidio inaceptable. Para esta visión, morir dignamente consistiría en sobrellevar la situación y los sufrimientos que conlleva con aceptación y entereza. La otra, defiende la libertad de decidir sobre la propia muerte bajo determinadas condiciones, asociando esa posibilidad de elección a una muerte digna.

En mi opinión, ambas posiciones pueden ser extremas o dogmáticas. La contraria a la eutanasia sólo sería coherente si se comulga con las creencias que sustentan esa visión, y desconsidera otros sentimientos o creencias, así como las necesidades y padecimientos específicos de la persona. La favorable a la eutanasia facilita la elección personal y la adaptación a situaciones concretas, pero si se hace sin limitaciones o desde posiciones dogmáticas, existe el peligro de desvalorar el poder transformador de la experiencia, predisponer al suicidio o dar demasiadas facilidades ante un hecho irremediable.

En términos generales, debería primar el principio de libertad, puesto que solo desde la libertad se puede ganar el genuino conocimiento experiencial que despierta nuestro potencial. Una sociedad empática con sus ciudadanos ha de facilitar la posibilidad de morir, pero también vivir, con la máxima libertad y dignidad posibles, lo cual implica poder hacerlo según los propios valores y convicciones, sean los que sean; obviamente, siempre que no conculquen la libertad y bienestar de otros. En una sociedad madura procede el regular de manera adecuada un derecho a la eutanasia, lo que no impide no hacer uso de él a personas con otras convicciones.

En el ámbito personal, elegir con pleno conocimiento y convicción una opción u otra requiere tener claros los elementos de juicio implicados, entre los que figura una variable importante: ¿qué hay tras la muerte? ¿garantiza ésta el descanso o el fin del sufrimiento? Pero eso es tema para otra reflexión…
bll

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

GeorginaEutanasia
leer más