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Vacaciones

Llegan las vacaciones, la temporada que se supone más divertida y con ella nuestras ganas de pasarlo bien y relajarnos. Nuestro ansia de placeres temporales se expande e invade todo el espacio de la mente. Se suele traducir en mayores cotas de consumo: consumo de todo tipo de líquidos y sólidos, consumo de nuevos entornos (países, regiones, etcétera), consumo de relaciones (nuevas amistades, affaires, situaciones). En definitiva, consumo de experiencias para nuestra vida que marquen el verano y desconectemos y así nos ayuden a tener un colchón de relajación para afrontar una nueva tanda de estrés, rutina e infinitos problemas durante el resto del año. La rueda del hámster en que se convierte nuestra vida, se define.

El consumismo implica un enorme gasto de energía tanto personal como material. Nuestra conducta se vuelve antiecológica y antisostenible ya que la mente pide experiencias más exóticas e impactantes. Si sólo fuera una cuestión individual sin repercusiones, el problema sería de uno pero al vivir en interdependencia, nuestras acciones repercuten en los demás. Por eso nos encontramos donde nos encontramos. Un planeta recalentado, donde la fracción de los 7000 millones que pueden consumir lo hacen con una mayor y mayor avidez. ¿Cuál será el nuevo deporte excitante? ¿El nuevo artilugio tecnológico, los juegos más absorbentes? Y así, un infinito etcétera. Tras todo ese estímulo, la mente sólo pide una cosa: más estímulo. El hábito ya está enraizado. ¿Cómo salir de este círculo y equilibrar nuestras acciones? ¿Dónde encontrar una auténtica fuente de bienestar y desconexión de confianza que no dependa de infinidad de causas y condiciones externas?

La meditación. Ésta nos ayuda a equilibrarnos y adoptar una perspectiva más realista que no exagera las promesas de los placeres, nos hace menos dependientes ya que empezamos a ser autónomos. El bienestar y placer que tanto ansiamos lo empezamos a experimentar interiormente, esto nos serena y la desconexión tan ansiada se produce, precisamente por la ausencia de aferramiento, gracias a la saciedad que aporta la meditación. Un círculo virtuoso que enfría las aflicciones, ralentiza el consumismo y es un regalo para el mundo.
NVCurtis

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

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