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Tras la perplejidad, volvemos

La perplejidad que se experimenta cuando al bajar una escalera a toda velocidad falla un peldaño; o cuando tras despegar un vuelo, de pronto oímos por megafonía la voz del comandante anunciando que el avión sufre una avería fatal, o si yendo por la calle un dolor insufrible en el pecho nos obliga súbitamente a caer de mala manera sobre la acera, esos breves segundos en que la mente abre un paréntesis donde no hay pensamiento, aún no hay sensaciones, ni percepciones ni conciencia de qué está ocurriendo, esa valiosa opción de descubrir qué hay detrás de las cualidades mentales interrumpidas sin previo aviso, pasaron frente a nuestros ojos de forma colectiva, mundial, hace un año y un mes. Es el tiempo que este blog ha permanecido en silencio, testigo de la perplejidad.

Por sorpresa, nos hicieron cerrar la puerta de casa y quedarnos quietos. Qué desconcierto. Qué parpadeo acelerado intentando constatar si aquéllo que veíamos era un capítulo de la realidad convencional, o si había sido un flash que confundía lo visto en alguna serie distópica con la realidad válida. No había distopía. Lo llamaron confinamiento, reclusión domiciliaria, repentina ausencia de las calles o quietud instantánea al unísono, y tenía como fin impedir que un virus extraño nos invadiera al respirar junto a alguien que ya lo hubiera respirado y lo exhalara. Nos sorprendió, nos atemorizó a medida que fuimos conociendo sus consecuencias, nos mató y, sin duda, nos rompió los esquemas cotidianos.

Aquella perplejidad también nos ofreció la oportunidad de captar el instante en que todo es contingente, la base de la que surge lo que nos hace sufrir. Ese ha sido, tal vez, el único regalo positivo que nos ha dejado este coronavirus llamado sars cov2. Tener una oportunidad no siempre significa aprovecharla, pero siempre se está a tiempo de recuperar aquel instante claro, vacío y fuera del tiempo. Pensándolo bien, seguimos reiniciando cada mañana la opción de encontrar esos instantes para darles un sentido, una orientación, un ensanchamiento. El planeta lo agradeció, nosotros podemos hacerlo.

Dicen que ha habido quien en este paréntesis ha descubierto la vejez, la vulnerabilidad humana, la meta de la muerte. Dicen que todo se ha puesto en evidencia, por ejemplo, el miedo a perder hábitos realmente innecesarios o la añoranza del habla distendida entre seres humanos. Cosas esenciales, en algún caso. La pandemia sigue ahí.
Àngels Gallardo

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.
Fotografía Nicolas Solop flickr

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