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Que la fuerza nos acompañe

Tenía siete años cuando fui a ver La guerra de las galaxias. Era el día del estreno e iba de carabina, acompañando a mi hermana y a un chico que la rondaba por aquel entonces. No es exagerado afirmar que, a pesar de mi corta edad, en mi vida hubo un antes y un después de esa noche. En la Barcelona gris en la que yo vivía, en el entorno oscuro y deprimente que era la España de aquella época (1977), lo que proponía la película de George Lucas supuso para mí un horizonte de expectativas ilusionante, una “nueva esperanza”, en definitiva; como acabaría titulándose la película con el paso de los años.

La saga de Star Wars no deja indiferente a nadie, o la adoras o la rechazas de manera visceral aludiendo a su escasa voluntad artística o a su falta de profundidad a la hora de tratar cuestiones humanas; cosas de niños, dicen de ella los más perezosos. Confieso que jamás he entendido a los que denigran Star Wars, porque ha quedado claro que las películas que componen la saga van mucho más allá de lo que entendemos como los límites de lo cinematográfico.

En mi caso, Star Wars, amén de servirme de cantera casi inagotable para infinidad de ejemplos y referencias mediante las que aclarar conceptos filosóficos, políticos e incluso sentimentales (cuestiones muy humanas todas ellas), me sirvió para entender que la búsqueda de la trascendencia, de un sentido profundo de la vida, podía ser afrontada desde la luz, desde la felicidad y la camaradería, a pesar de todas la amenazas del mundo exterior; preceptos que se alejaban mucho del oscurantismo (y del aburrimiento) que proponía, por ejemplo, el catequismo católico que me preparaba para recibir la primera comunión.

Dudo mucho que me hubiese acercado al camino de en medio, a las enseñanzas de Buda, si antes no me hubiese sentido como Luke Skywalker, perdido en un planeta olvidado en el borde de la galaxia, ansioso por convertirme en un Jedi.

Hoy acudí al cine, a mis cuarenta y nueve años, acompañado por mis dos hijos y mi esposa (amante también de la saga) para ver la última y definitiva entrega de Star Wars. Al salir de la sala, todavía emocionado por haber visto pasar mi propia existencia sobre el trasfondo de las nueve películas, no pude dejar de preguntarme dónde encontrarán los niños de hoy en día el impulso, la fuerza y la convicción, por muy indirecta que sea la llamada, para intentar encontrar el camino que lleva al despertar.
J.T.

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