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Más luz

Todos los años por esta fecha, unos días antes o después, dependiendo del calendario, tiene lugar el solsticio de invierno; es decir, el momento en que el sol se encuentra a la mayor distancia del ecuador celeste de la tierra. Empieza el invierno, pero a partir de ahora, se revierte la tendencia y se acortan las noches y se alargan los días. La mayoría de las personas nos alegramos de que las noches se acorten, y ansiamos que llegue la primavera. El paso de las estaciones es algo hermoso, algo que se plasma en poesía, en pinturas.. los haikus, poemas breves japoneses suelen plasmar una imagen de la naturaleza en relación con las estaciones.

Hay personas que les encanta el paso de las estaciones por la belleza del cambio, otras tienen unas estaciones preferidas.. pero el hecho es que la naturaleza nos envía un mensaje manifiesto a través del paso de las estaciones, de los solsticios y los equinoccios.. que es la impermanencia de las cosas, la brevedad de la vida. Cada estación que pasa es una menos que ya no viviremos, una primavera menos, un solsticio menos.. ¿Cuántos nos quedan? No lo sabemos pues la duración de la vida es impredecible. Nuestra muerte se va acercando de forma sigilosa pero implacable; nos avisa, nos envía mensajes como el paso de las estaciones, pero nosotros lo ignoramos. Puede parecer triste o macabro hablar o siguiera mencionar la muerte, pero este pensamiento: que somos efímeros, que todo se acaba, también nuestra vida, es un estímulo esencial para despertar, para reconsiderar qué es lo importante. Vivir una vida basada en la ética, la generosidad  y la bondad, con la tranquilidad que da hacer siempre las cosas bien. No dejar las cosas importantes, por pequeñas que sean,  para mañana o para el próximo mes o para el año que viene.

Hace algunos años circuló un vídeo muy inspirador sobre un experimento que se realizó con varios jóvenes en Madrid unas semanas antes de Navidad. Se les pedía que mencionaran la persona más importante en su vida, algunos pensaron en su  madre, otros en algún hermano o en la pareja y alguno habló de su abuela o su abuelo. La primera pregunta era ¿Qué le iban a regalar por navidad a este ser querido? los entrevistados explicaban lo que habían planeado o estaban a punto de comprar. La segunda pregunta era ¿y si te toca la lotería, qué le regalarías?  Siempre mejoraban obviamente el regalo, a veces mencionaban cosas casi inalcanzables como una casa o como un viaje alrededor del mundo. La última pregunta era ¿Y si fuera su última navidad; qué le regalarías?  Ante esta pregunta, impensable, inimaginable para todos, se les mudó la cara. Muchos se emocionaron y todos, cambiaron su regalo. Decidieron cambiarlo por su propia presencia, por su tiempo, por su compañía; por un pequeño detalle como llevar al abuelo a su pueblo; es decir, lo cambiaron por lo importante.  Quizá para algunas de las personas que queremos, que conocemos, con las que nos relacionamos, éste sea su último solsticio, su última navidad; o quizá para nosotros mismos. No lo sabemos, por eso, vivamos cada día como si fuera el último. De esta forma, podremos extraer la verdadera esencia de la vida.
Marian Márquez

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