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En retiro

A medida que uno va haciendo retiros recordamos los errores que no queremos repetir. El no saber cómo plantear un intensivo conlleva el no haberle dado una oportunidad para desplegar su potencial. Veamos algunos aspectos donde, personalmente, he metido y sigo metiendo la pata desde una perspectiva no ortodoxa:

—Tener claro que un retiro no es para arreglarnos lo que no nos gusta de nuestra vida. Es decir, no es para ser simpáticos, relajarnos, perder unos quilos y ser más popular. La motivación de un retiro debe desvincularse de cualquier aspiración mundana lo más posible.

—Una vez se inicia un retiro, comprometerse a finalizarlo a menos que haya una causa de fuerza mayor. Parece una tontería, pero a medida que uno se adentra en el mismo, la mente puede verse invadida por desánimos, ofuscaciones y vagancia extrema. La determinación los debilitará.

—Cortar con las distracciones externas incluyendo redes sociales, llamadas, etcétera. Esto puede representar un auténtico desafío para los jóvenes y los no tan jóvenes. Al menos, conviene llegar a un acuerdo razonable con uno mismo, limitar a lo menos posible los contactos. Haber establecido las fronteras de nuestro retiro nos ayudará enormemente.

—Tal vez lo más difícil: practicar con una mente flexible, sin tensión pero manteniendo lo mejor posible la rutina. Seguir la rutina es la clave, aunque no siempre apetezca. Si respetamos las sesiones, respetamos nuestro compromiso y así nuestra confianza crecerá. ¿Qué es practicar sin tensión? Tener una mente relajada que ha soltado los aferramientos y que está afianzada en una motivación positiva, a poder ser Mahayana. Si por sistema cuidamos de que así sea, en cada una de nuestras sesiones, se evitará ese exceso de tensión que habitualmente desemboca en obstáculos con la práctica.

—Estrechamente vinculado con esto es el no realizar sesiones demasiado largas en las que se ha agotado toda la energía. Es aconsejable no vaciar el depósito sino dejar un poco, de manera que al finalizar la sesión sintamos: “aun podría haber practicado unos minutos más”.

—Disfrutar cada día y sentir agradecimiento. Una mente agradecida está menos hundida en sus obsesiones, es un gran antídoto. Por eso, si no lo sentimos, deberíamos generar el agradecimiento, recordando la oportunidad que supone tener tiempo, energía y demás causas para centrarnos en nuestro desarrollo espiritual.

—Y, en general, preguntarnos: “¿Qué puedo hacer para mejorar mi práctica?” en vez de “¿Qué está haciendo la práctica por mí?”

Aunque no se ha mencionado todo, estas son algunas cosas a tener en cuenta para que un retiro, o un intensivo de meditación, nos sea transformador. Seguiremos.
Nicolás Viñés

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

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