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Dharma is in the air

En mis clases de literatura y de lengua he tenido que explicar en muchas ocasiones conceptos difíciles y enrevesados. En tanto que profesor, mi voluntad ha sido siempre ser eficaz, lograr que mis alumnos llegasen a entender de la manera más sencilla posible lo que pretendía transmitirles, por eso me he esforzado durante todos estos años en encontrar ejemplos que pudiesen acercar el ámbito de lo que tratábamos en clase a las referencias propias de su mundo más personal.

Me gusta pensar que a través del reconocimiento y del disfrute mis alumnos han sido capaces de romper la barrera de la obligación o del prejuicio y que, con un poquito de suerte, ese proceso ha conllevado un premio: el aprendizaje; aunque se trate de un aprendizaje muy puntual.

A mí, como mínimo, ese afán de búsqueda de interrelaciones significativas me ha ayudado siempre, tanto en lo profesional como en lo personal. Es decir, lo que he intentado que hiciesen mis alumnos para acercarse un poquito más al conocimiento lo he practicado también, y sigo practicándolo, en la más estricta intimidad.

Así me ocurre, por ejemplo, con el dharma.

La literatura, el cine, los cómics e incluso mis más o menos relevantes conocimientos deportivos me ayudan enormemente a fijar todo aquello de lo que habla el dharma. Porque no siempre resulta sencillo llegar a entender por completo conceptos como el apego y la aversión, el carácter ilusorio de todas las cosas, la transitoriedad, la bodhichita o la vacuidad. Sin embargo, si uno se encuentra en la disposición adecuada, es decir si uno tiene la verdadera voluntad de poner en práctica aquello que transmite el dharma, resulta mucho más fácil ver reflejados muchos de esos conceptos en los relatos que nos rodean.

Es muy satisfactorio cuando, lejos de la guía directa del maestro, somos capaces de detectar conceptos como los que indicaba arriba en discursos teóricamente alejados de la voluntad que preside el dharma. Resulta muy satisfactorio cuando vemos ciertas películas o series de televisión o leemos ciertos libros, o incluso cuando escuchamos ciertas piezas de música, y somos capaces de notar una punzada de reconocimiento relacionado con el dharma. Porque ese proceso indica que tal vez hayamos fijado de manera profunda esa enseñanza.

Es una satisfacción ilusoria en última instancia, como lo son todas, pero valiosa en esta ardua realidad convencional en la que nos desarrollamos.
JT

Dharmadhatu no suscribe necesariamente las opiniones expresadas, que son de los autores firmantes.

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